¿En qué crees?

Es curioso ver cómo cada día nos levantamos y emprendemos la «marcha» sin apenas pensar en la razón intrínseca de por qué hacemos lo que hacemos. Si dejamos de lado el factor de satisfacer las necesidades básicas (techo, alimentación y vestido), y analizamos detenidamente todas y cada una de nuestras actividades con lupa, es muy posible que nos llevemos una sorpresa: la mayoría de las actividades que emprendemos son costumbres heredadas o aprendidas sin que nos demos cuenta.

«Claro!», dirán algunos/as, «es la única manera de poder emprender una nueva actividad!», lo cual es cierto, sin embargo, ¿donde queda nuestro gusto original? ¿La llamada pasión, ese deseo indescriptible de realizar algún trabajo o actividad artística? ¿Se aprende o ya lo llevamos con nosotros? Lo más probable es que en la sociedad actual, donde no hay tiempo para reflexionar ni «pararse a pensar», la primera opción sea la más obvia. Sin embargo, en las condiciones adecuadas, ¿surgirá el deseo innato de hacer algo en concreto, sin que hayamos sido expuestos de ninguna manera a estímulos que nos hagan pensar que eso es lo que queremos?

Es una pregunta de difícil respuesta. De todas formas, el ser capaces de poder discernir lo que es «moda» o «lo que hay que hacer» de nuestros gustos verdaderos es un trabajo interesante aunque complejo. El descubrir lo que realmente nos mueve y nos hace vibrar, haciéndonos olvidar de todo lo demás y que experimentemos la sensación que el tiempo se detiene, es lo que de verdad es propio y nuestro. Puede que se parezca a lo que hacen muchas otras personas, pero casi siempre tendrá un toque personal único e irrepetible que lo hará plenamente propio.

Para terminar, un buen punto de partida, aunque suene paradójico, es preguntarse si todo lo que haces, dices o te gusta es tuyo o lo has «adoptado» sin darte cuenta: expresiones, programas de televisión, tipo de música, material de lectura, hábitos deportivos y de alimentación… El comenzar a cuestionarlo todo es la puerta de entrada para un profundo auto-conocimiento que puede llevarnos a la libertad: esa situación donde podemos elegir sin miedo ni condicionantes de ningún tipo. ¿Te atreves?

Sobre la realidad

En un post anterior sobre el propósito vital, terminaba preguntando sobre si considerábamos la vida como una sucesión de eventos sobre los que no teníamos ningún control o si por el contrario, trabajábamos activamente por construir una realidad como la que queríamos vivir o experimentar.

De este cuestionamiento se derivan dos preguntas interesantes: ¿qué es la realidad? o, por otra parte, ¿sabemos cual es la realidad en la que deseamos vivir?

Bruce Lee, ese «artista de la vida» que invirtió casi la totalidad de su corta existencia en buscar su propio método vital, nos da algunas ideas sobre este concepto:

«El enfoque occidental de la realidad se plasma en gran medida a través de la teoría, y la teoría comienza por negar la realidad: hablar de la realidad, darle vueltas a la realidad, captar cualquier cosa que atraiga nuestros sentidos, intelectualizarla y abstraerla de la realidad misma»

¿Cuantas veces hablamos de una realidad que no conocemos de manera experiencial? ¿O de la que simplemente hemos escuchado algo y por ese simple hecho, nos convertimos automáticamente en expertos en la materia, sin siquiera saber de qué se trata en concreto? Esta negación sistemática del entorno en el que vivimos y percibimos impide de manera muy eficaz que apreciemos la vida tal y como es, lo que nos lleva a la siguiente cita:

«Lo que ES resulta más importante que lo que DEBERÍA SER. Casi todas las personas observan lo «que es» pensando en cómo «debería ser».

¿Suena familiar? Lo normal es vivir en un mundo de frustraciones porque las personas no hacen lo que «deberían», el mundo no funciona como «debería» o mi percepción de la realidad es lo que «debería» ser, enfoque este que es un camino seguro y estable hacia una vida llena de frustraciones y sinsabores.

El simple hecho de aceptar la realidad tal como se presenta, sin filtros ni valoraciones, nos permite «desintoxicarnos» y dejar de lado la forma más sutil de auto-agresión, que es la de querer cambiar todo eso que no nos gusta de nosotros mismos, y por extensión, del mundo, sin haber aceptado que ello es LO QUE HAY Y LO QUE ES. El primer paso para cualquier proceso de modificación de conductas es ACEPTAR que están ahí, y seguidamente decidir si queremos dejarlas estar o cambiar algo de sitio.

Una vez que somos capaces de observar sin valorar, es posible saber, poco a poco, lo que deseamos en realidad, sin estar influídos por nuestras creencias limitadoras que normalmente nos llevan hacia lugares poco agradables, que casi siempre aceptamos sin rechistar demasiado, porque, ahora si (paradojas de la vida, «es lo que hay».

¿Eres capaz de observar la realidad tal como es, o te cuesta separar tus ideas preconcebidas de como ocurren las cosas en el mundo? La paciencia, la compasión y el equilibrio interior, alcanzable a través de periodos de soledad y meditación, son herramientas fundamentales para lograrlo.

(Citas extraídas de «Pensamientos Extraordinarios». Bruce Lee, compilado por John Little. Ed. Dojo. Págs. 35 y 36).

El dinero y tu: historia de una relación

Los dos posts anteriores suscitaron una serie de reacciones interesantes sobre la relación que cada persona tiene con el dinero, ya que nuestra opinión y manera de gestionarlo reflejan claramente nuestras creencias y valores al respecto.

El dinero hace parte de la vida de las personas desde hace mucho. Sin embargo, esto no significa que seamos capaces de relacionarnos de manera sana con él. ¿Y qué es una «manera sana», preguntarán muchos y muchas? El poder ver al dinero como un medio y no como un fin podría ser una buena aproximación. También podría ser el no verlo como «un mal necesario» o «algo que hay que tener».

Sin embargo, muchos de los conceptos que tenemos con respecto al dinero, al tenerlo o no, al poder generarlo o no, vienen de nuestros hogares: ideas preconcebidas que nos fueron transmitidas sin que apenas nos diéramos cuenta por nuestros padres o quienes se hicieron cargo de nuestra educación o crianza. Como no existía ningún filtro y replicamos lo que vemos sin apenas cuestionarlo (ya que esta habilidad crítica se desarrolla con la edad), nos hemos quedado con creencias que posiblemente no se correspondan con el estilo de vida que queremos llevar.

El cuestionar dichas creencias nos ayudará a saber por qué gastamos de más, no sentimos que estemos bien retribuidos a nivel monetario por nuestro trabajo o incluso la sensación de no tener nunca suficiente para satisfacer nuestras necesidades y deseos. El dinero no es bueno o malo «per se». Lo que hace la diferencia es la actitud de quien lo tiene, consigue o gestiona, y estará disponible para aquel o aquella lo aprecie como un medio.

Algunas preguntas para pensar:

¿Como se expresaban / expresan mis padres cuando hablaban de dinero?

¿Cuando obtuve mi primer «salario»?

Cuando no dispongo de dinero, ¿pienso que tengo mala suerte, que no lo merezco o que simplemente no puedo conseguirlo, o comienzo a idear estrategias para tenerlo y disfrutarlo?

¿Sé cuanto ingreso y cuanto gasto en realidad en un momento dado?

De las cantidades que gasto, ¿cuales de ellas son para satisfacer mis necesidades y cuales por hábito o con un alto componente social?

Cuando recibo dinero de manera inesperada, ¿pienso en qué podría comprar o tengo la idea de generar más?

¿Percibo el dinero como algo bueno y positivo o malo y negativo?

¿Qué entiendo por escasez? ¿Y por abundancia?

Estos interrogantes nos pueden dar un buen punto de partida para evaluar con objetividad la relación que tenemos con el dinero y poder modificarla para que coincida con nuestra visión personal del mundo.